A continuación aparece una idea de fondo: la tolerancia al aburrimiento se parece a la tolerancia a la incertidumbre. Si una persona puede atravesar la quietud sin angustia, es probable que también maneje mejor la frustración, la espera y los momentos sin respuesta.
En lo cotidiano esto se nota en detalles simples: un viaje con retrasos, una tarde sin planes, una conversación que no “brilla”. En vez de buscar culpables o dramatizar, quien sabe aburrirse regula su ansiedad y no exige que el mundo lo rescate. Esa estabilidad resulta atractiva porque da descanso. [...]