Además, la línea mantiene un equilibrio delicado entre fragilidad y asombro. Estar vivo es serio porque puede perderse, porque cada mañana es, en algún sentido, prestada. Pero también es serio porque contiene una promesa mínima: la de poder sentir, decidir, cambiar aunque sea un gesto. Oliver deja espacio para que la alegría exista sin triunfalismo.
En la experiencia común, esto se parece a esos momentos en que, tras una mala noticia, uno sale a la calle y el aire frío lo despierta: no arregla nada, pero recuerda que la vida sigue ocurriendo, y que esa ocurrencia misma merece respeto. [...]