Si el problema fuera solo la cantidad de tareas, bastaría con organizarse mejor; sin embargo, Nhat Hanh sugiere algo más profundo: el hacer se convierte en identidad. La pregunta “¿cómo estás?” se responde con “ocupado”, como si la ocupación garantizara importancia.
En esa lógica, ser se confunde con rendir. Un ejemplo común es revisar el correo al despertar “solo un minuto” y descubrir que el día ya empezó en modo reacción. Con el tiempo, esa inercia construye una identidad funcional—eficiente, disponible, productiva—pero a menudo desconectada de lo que siente y necesita. [...]