A continuación aparece una tensión inevitable: cuidar no significa tolerarlo todo. Si la familia puede “encontrarse” en múltiples formas, también puede confundirse con vínculos que demandan sin reparar, controlan o lastiman. Por eso, el cuidado maduro incluye límites claros: decir no, pedir ayuda, y proteger la propia integridad.
Lejos de contradecir la frase, los límites la hacen viable. Cuidar a una familia encontrada—o a la de origen—requiere que el cuidado no sea sacrificio permanente. En ocasiones, cuidar también es tomar distancia, buscar mediación o redefinir el tipo de relación posible para que no se vuelva destructiva. [...]