La frase de Zora Neale Hurston suena como una mezcla de incredulidad y autoafirmación: si mi compañía es valiosa, ¿por qué alguien se privaría de ella? En ese gesto hay humor, pero también un límite claro: la autora no pide permiso para existir ni suplica aceptación. Así, la pregunta no busca tanto una respuesta lógica como subrayar una certeza íntima: el propio valor no depende del veredicto ajeno. [...]