En tiempos de exposición y autoexplicación permanente, la identidad puede sentirse como un trabajo sin descanso: definirse, posicionarse, corregirse, actualizarse. Esa dinámica, aunque a veces necesaria, puede convertirse en una forma de ansiedad: si no logramos una versión convincente de nosotros mismos, creemos que fallamos.
Por eso, la invitación de Smith funciona como contrapeso: cuando la energía se va toda en el yo, se empobrece lo relacional. Y, paradójicamente, muchas veces el yo se aclara mejor cuando está ocupado en cuidar, acompañar y responder a necesidades reales. [...]