Este principio no es nuevo; a lo largo de la historia, las sociedades más prósperas son aquellas donde la comunidad apoya el desarrollo de cada uno de sus miembros. Por ejemplo, en la antigua Grecia, la ciudad-estado o ‘polis’ prosperó mediante la participación activa de sus ciudadanos en asuntos comunes (ver Aristóteles, Política). De manera similar, las luchas por los derechos civiles en Estados Unidos muestran cómo los logros individuales de figuras como Martin Luther King Jr. fueron inseparables del crecimiento de toda una comunidad. [...]