El paso siguiente es decisivo: de la pequeña llama se proyecta un futuro colectivo, “las calles brillarán”. La imagen traza un movimiento desde el espacio interior —la casa, la mesa, el propio cuerpo— hacia la ciudad entera. En este desplazamiento, Paz sugiere que ninguna transformación social sólida nace solo de decretos externos; comienza con una iluminación interior que, poco a poco, desborda los muros individuales. Del mismo modo que en *El laberinto de la soledad* (1950) vincula la intimidad con la historia de México, aquí insinúa que la vida pública se renueva cuando cada persona decide encender su propia claridad. [...]