Desde ahí, la imagen brota de una tradición donde la delicadeza es potencia espiritual. En el *Diván de Hafez* (s. XIV), el jardín, el vino y la rosa nombran una ternura que disuelve la dureza del ego y abre paso a la lucidez del corazón. En esa línea, Rumi en el *Masnaví* celebra la mansedumbre como fuerza que vence sin quebrar. La suavidad, lejos de ornamento, es un método de conocimiento: al aquietar la violencia interna, se ve mejor el blanco y se decide con menos error. [...]