Este pensamiento encaja con la obra de James, figura clave del pragmatismo y autor de The Energies of Men (1907), donde reflexiona sobre las reservas de energía física y mental que las personas rara vez utilizan en la vida ordinaria. Para él, la experiencia extrema podía activar zonas de rendimiento que permanecían inactivas hasta que una necesidad real las convocaba. Así, la crisis funciona como una prueba, pero también como una puerta.
A la vez, James se aparta de una visión puramente abstracta del ser humano. En lugar de preguntarse solo qué somos en teoría, observa qué hacemos cuando la vida nos acorrala. Esa mirada práctica refuerza su intuición: nuestras posibilidades no se conocen del todo en la comodidad, sino en la acción exigida por la dificultad. [...]