Si empezamos por las “bocas”, Mead señala el papel del habla: las palabras que elegimos y cómo las pronunciamos educan la sensibilidad colectiva. Decir “por favor”, usar diminutivos afectivos, o corregir a alguien con sarcasmo no solo comunica información; enseña qué se considera respeto, cercanía o autoridad.
Por eso, cuando cambian expresiones comunes—por ejemplo, cuando una comunidad adopta términos más inclusivos—no se trata únicamente de vocabulario: se reconfiguran expectativas sobre quién cuenta, quién es visible y qué tipo de trato se considera aceptable. [...]