Luego, para empezar antes de que la vacilación cuaje, conviene reducir el tamaño del primer paso. Las intenciones de implementación de Peter Gollwitzer (1999) —si X, entonces haré Y— eliminan la ambigüedad que alimenta la inercia. BJ Fogg en Tiny Habits (2019) propone anclar acciones mínimas a rutinas existentes; James Clear popularizó la regla de los dos minutos: comenzar con la versión más breve del hábito. Ese micro‑arranque desacopla el inicio de la motivación y crea tracción. Una vez roto el sello, continuar es más sencillo que volver a detenerse, de modo que el ritmo se establece casi sin fricción. [...]