Asimismo, otras tradiciones rozan esta intuición. Anaximandro habló del apeiron, lo indefinido como fuente de lo definido (s. VI a. C.), evocando un origen no limitado. Más tarde, Nāgārjuna, en las Mūlamadhyamakakārikā (s. II), describió la vacuidad como dependencia de todo con todo, evitando el nihilismo: vaciar no es negar, es mostrar la interrelación.
Estas resonancias no homogeneizan doctrinas, pero ilumbran un punto común: cuando el fundamento no se cristaliza en cosa, posibilita todas las cosas. De nuevo, la potencia del hueco supera la rigidez de lo lleno. [...]