Esta idea encuentra su encarnación en la propia vida de Helen Keller. Con la guía paciente de Anne Sullivan, aprendió a asociar palabras con sensaciones en pequeños pasos: letras trazadas en la mano, repetidas una y otra vez, hasta el célebre momento junto a la bomba de agua en que “water” cobró sentido. No hubo milagro instantáneo, sino una secuencia de actos minúsculos sostenidos por propósito y dedicación. [...]