Feynman fue célebre por su estilo de aprendizaje basado en preguntas aparentemente ingenuas, pero implacables: “¿Cómo lo sabes?”, “¿Qué pasaría si…?”, “¿Qué significa exactamente esta palabra?”. Esa disciplina convierte lo cotidiano en un laboratorio mental. En sus memorias, *Surely You’re Joking, Mr. Feynman!* (1985), relata cómo su curiosidad lo llevaba a estudiar desde cerraduras hasta radios, encontrando siempre algún mecanismo digno de comprensión.
De ahí se desprende un puente natural hacia la práctica: profundizar no requiere solemnidad, sino continuidad. Basta con sostener la pregunta un poco más, resistir la tentación de pasar a otra cosa y permitir que el tema muestre sus costuras. [...]