En esa línea, la canción latinoamericana mostró cómo insistir abre fisuras en el mutismo. Violeta Parra, con Gracias a la vida (1966), convirtió lo personal en patrimonio común; Mercedes Sosa popularizó Sólo le pido a Dios de León Gieco (1978) en tiempos de dictadura, llevando su timbre a estadios y exilios. La reiteración de estribillos simples y verdaderos —cantados una y otra vez— hizo retroceder censuras y temblores. [...]