A continuación aparece el costo invisible: la atención. Cada interrupción obliga a cambiar de contexto y, aunque el retorno parezca inmediato, lo que se pierde es continuidad mental. Por eso, incluso en tareas sencillas, el día se siente agotador: no por la dificultad, sino por la repetición constante de empezar de nuevo.
En este sentido, la advertencia de la cita no es moralista, sino práctica. Cuando la mente se acostumbra a reaccionar, disminuye la capacidad de profundizar, crear o simplemente estar presente. Lo que se erosiona no es solo la productividad, sino la experiencia de vivir con cierta unidad interior. [...]