La afirmación de Kofi Annan sugiere que la diplomacia no empieza con tácticas, sino con una postura ética: una bondad lo bastante valiente como para reconocer la dignidad del otro incluso en la tensión. No es candor; es coraje estratégico que rehúsa deshumanizar. En su Discurso del Nobel (2001), Annan vinculó la paz con la dignidad y la tolerancia, insinuando que el primer gesto abre puertas que la fuerza cierra. Así, la bondad audaz no sustituye a la firmeza, sino que la orienta. [...]