Armani condensa una idea contraintuitiva: lo más refinado no es lo más recargado, sino lo que parece suceder sin tensión. La “facilidad” no implica descuido, sino una armonía tan bien resuelta que deja de llamar la atención sobre el trabajo que la sostiene.
A partir de ahí, su frase desplaza la elegancia del terreno del lujo ostentoso hacia el de la naturalidad. En lugar de impresionar por exceso, la elegancia persuade por economía: líneas claras, proporciones justas y una presencia que no necesita explicar nada. [...]