Safo introduce, además, una dimensión estética en la ética: vivir según lo que se cree no solo es correcto, también puede ser bello. Simone Weil, en sus *Cuadernos*, sugería que la atención amorosa al otro tiene una forma invisible de armonía. Vista así, cada decisión justa o compasiva añade un verso bien logrado al poema de la propia vida. De esta manera, el ideal no es la perfección inmaculada, sino una composición trabajada, llena de borradores, tachaduras y reescrituras, que poco a poco se aproxima a su tema central: la creencia que la inspira. [...]