La frase invita a verificar el propósito en el territorio de los hechos: allí donde las manos, símbolo de acción, convierten la intención en prueba. Aunque la atribución a Leonardo es discutida, su espíritu coincide con su ética de la experiencia: en sus cuadernos insiste en que el conocimiento nace de lo que se hace y se ve, como su conocida idea de que la sabiduría es hija de la experiencia (Notas de Leonardo, c. 1480–1519). Así, no basta con querer, ni siquiera con comprender; hay que ejecutar. Con este punto de partida, la transición natural es mirar el lugar donde la intención se afinaba en la práctica diaria: el taller renacentista. [...]