La frase de James Baldwin parte de una imagen sencilla: un camino que se curva. Sin embargo, bajo esa metáfora se esconde un momento decisivo, ese punto en el que la vida deja de avanzar en línea recta y nos obliga a cambiar de dirección. En lugar de presentar el giro como una amenaza, Baldwin lo convierte en invitación: no solo hay que aceptarlo, sino bailar hacia la nueva vista. Así, el cambio deja de ser una ruptura traumática y se transforma en un tránsito creativo, casi festivo, hacia lo desconocido. [...]