Eartha Kitt plantea una inversión deliberada de la narrativa clásica: no parte de la carencia, sino de la plenitud. “Me enamoro de mí misma” no suena a retiro del mundo, sino a una forma de comenzar desde un centro estable. En vez de buscar a alguien que la complete, ella se reconoce completa y, desde ahí, elige compartir.
Así, la frase desplaza el romance del terreno de la necesidad al de la decisión. El deseo aparece, sí, pero como un deseo de expansión: tener a alguien al lado no para tapar vacíos, sino para abrir espacio a una vida compartida. [...]