Después de volver, el primer lugar al que se regresa es el cuerpo. “Tu cuerpo te necesita” no apela a la estética ni al rendimiento, sino a la relación: el cuerpo es el hogar inmediato que sostiene cada pensamiento y cada vínculo. Cuando lo ignoramos, la vida se vuelve abstracta; cuando lo escuchamos, recuperamos señales concretas como cansancio, tensión, hambre o calma.
Por eso, cuidar el cuerpo puede empezar con actos pequeños y honestos: dormir lo suficiente, respirar con atención, comer sin prisa, caminar. Incluso un minuto de respiración consciente —como propone Thich Nhat Hanh en ejercicios de atención plena— puede ser un recordatorio de pertenencia: estoy vivo, y eso merece cuidado. [...]