Por todo ello, la cita encierra también una ética: la del asombro y la atención. Si una telaraña puede ser origen de emoción, entonces nada merece ser descartado de antemano. El artista aparece como alguien que mira sin prejuicio, dispuesto a encontrar sentido donde otros solo ven rutina, desorden o insignificancia. Esa actitud exige humildad ante el mundo, porque implica reconocer que la realidad siempre ofrece más de lo que creemos.
En este sentido, la observación artística se acerca a una forma de disciplina interior. John Berger, en Modos de ver (1972), mostró que mirar nunca es un acto neutral, sino una práctica cargada de cultura y sensibilidad. Picasso va un paso más allá: propone que mirar bien es dejarse afectar. Solo entonces la percepción se convierte en materia viva para la creación. [...]