Para empezar, Camus define el absurdo como el choque entre nuestro anhelo de sentido y el silencio del mundo. En lugar de rendirse al nihilismo, propone una respuesta ética: actuar. El mito de Sísifo (1942) muestra que la lucidez no paraliza, sino que impulsa a una rebelión sin ilusiones, sostenida por libertad y pasión. Así, la consigna de “sembrar la verdad” no remite a un dogma, sino a una práctica: convertir la claridad interior en gestos concretos en la tierra donde realmente pisamos, la vida cotidiana. [...]