Por eso, la atención plena opera como el modo más directo de ofrendar. Brother Lawrence, en La práctica de la presencia de Dios (c. 1692), lavaba ollas como si fuesen cálices; Thich Nhat Hanh, en The Miracle of Mindfulness (1975), aconseja fregar platos por el simple acto de fregar. En ambos casos, el foco no es el heroísmo, sino la presencia que dignifica. Cuando respiramos, sentimos la superficie del vaso y agradecemos el agua, lo ordinario recupera su peso específico. De este hábito nace una ética del hacer que transforma el trabajo mismo. [...]