Sam Keen plantea que el agotamiento no es únicamente un fallo de energía, sino un mensaje: la naturaleza —nuestro cuerpo y nuestra mente— nos avisa de que algo se ha vuelto mecánico. En esta mirada, el cansancio extremo funciona como una señal de alarma, similar a una luz en el tablero que no se enciende por capricho, sino para evitar daños mayores.
A partir de ahí, la frase desplaza el foco: no pregunta cuánto has trabajado, sino cómo has vivido. Si el día a día se reduce a repetir patrones sin presencia, el agotamiento aparece como el síntoma visible de una desconexión más profunda. [...]