Una vez que algo externo se vuelve “lo más valioso”, nuestra mente empieza a vigilarlo, anticiparlo y temer perderlo. Ese apego nos vuelve reactivos: basta un comentario, una noticia o una mirada ajena para alterar el ánimo. Epicteto sugiere que la pérdida de control no es física, sino interna: perdemos el control de la atención, del juicio y de la serenidad.
Por ejemplo, quien deposita su valía en la aprobación pública termina viviendo a merced de aplausos o críticas. Lo externo manda porque lo hemos coronado como condición de bienestar. La paradoja es clara: cuanto más exigimos que el mundo se adapte, menos capacidad tenemos de gobernarnos. [...]