Con ese marco, “Yo digo la verdad” aparece como una toma de posición ética y política. No se trata solo de sinceridad individual, sino de la decisión de hacer pública una experiencia que otros preferirían mantener privada o vergonzante. En este punto, la verdad deja de ser una idea abstracta y se vuelve práctica: hablar, escribir, testificar.
La vida y obra de El Saadawi ilustran esa dimensión: su denuncia del patriarcado y de distintas formas de violencia la convirtió en blanco de persecución y censura, mostrando que la verdad no es neutral cuando se enfrenta a instituciones que viven de la obediencia. [...]