La eficacia de la cita depende de un estereotipo conocido: hombres asociados a la oratoria y mujeres a la diligencia. Esa caricatura puede resultar reconocible en anécdotas comunes —la reunión que se llena de opiniones frente a la persona que organiza, ejecuta y resuelve— y por eso la frase “funciona” como humor afilado.
No obstante, la misma fórmula que la hace memorable la vuelve peligrosa: convierte patrones sociales en esencias naturales. Al presentar la acción como “cosa de mujeres”, corre el riesgo de reforzar la idea de que el trabajo invisible o de implementación les corresponde por defecto, mientras el prestigio del discurso y la dirección queda asociado a lo masculino. [...]