El olvido del hombre puntual no es un fallo individual, sino un patrón social: recordamos lo que interrumpe la rutina. Un vecino que paga siempre no genera relato; en cambio, uno que se atrasa, discute o “da problemas” se convierte en tema. Así, la memoria funciona como un archivo de excepciones más que como un registro de méritos.
Esto conecta con una intuición antigua: Aristóteles, en su *Retórica* (siglo IV a. C.), ya observaba que lo extraordinario capta la atención y mueve las emociones. Wilde lo traduce a la economía doméstica con humor y una pizca de crueldad. [...]