Justamente, el tiempo vuelve visible una ética de cuidado: regar, podar, proteger del viento, aceptar temporadas adversas. En esa paciencia se cultiva la reciprocidad, cercana al ayni andino, donde el dar y el recibir se turnan en el calendario comunitario. La valentía aquí es perseverar sin garantías, sostener rutinas discretas que preparan abrigo para otros. Esa misma intuición aparece en la obra de Neruda, donde la grandeza no está solo en la hazaña, sino en la fidelidad a lo elemental que nos sostiene. [...]