Para empezar, ver la IA generativa como reemplazo pierde su verdadera promesa: la simbiosis. J. C. R. Licklider, en Man-Computer Symbiosis (1960), imaginó equipos donde humanos y máquinas se complementan; poco después, Douglas Engelbart propuso en Augmenting Human Intellect (1962) que la tecnología debía ampliar nuestras facultades, no suplantarlas. Esa visión reaparece hoy en la idea del copiloto: la IA genera borradores, sugiere rutas y explora posibilidades mientras la persona decide el rumbo y el criterio. [...]