Cuando Séneca habla de muros, puede aludir a esas defensas que levantamos por miedo, orgullo o experiencias pasadas. En clave estoica, no todo muro es malvado: a veces protege la serenidad y evita que lo externo nos gobierne. Sin embargo, el problema surge cuando la defensa se vuelve cárcel y ya no deja entrar a nadie.
Por eso, la transición hacia “puertas” resulta decisiva. Una puerta sigue siendo un límite, pero es un límite inteligente: regula el paso, permite el encuentro, da opción a decir sí o no. La ternura razonada no exige derrumbes; propone aperturas. [...]