Finalmente, la afirmación colectiva de Hersey no borra las diferencias; las ilumina. La cultura de sobretrabajo no golpea igual a todos: quienes tienen menos red de apoyo, empleos más precarios o múltiples jornadas (empleo formal más cuidados no remunerados) suelen cargar una presión mayor y más constante. Para muchas personas, descansar no es una decisión individual, sino un lujo estructural.
Por eso, entender el trauma como producido socialmente abre una salida distinta: no basta con “mejorar hábitos” si el entorno castiga el límite. La frase invita a mirar políticas, expectativas y prácticas concretas—horarios, disponibilidad permanente, salarios, licencias, distribución de cuidados—porque solo allí se reduce la violencia que origina el daño. [...]