En el siguiente paso aparece el problema social: si el daño se glorifica, el sistema que lo produce queda intacto. La narrativa del “todo pasa por algo” o “lo necesitabas para crecer” puede anestesiar la indignación legítima ante el abuso, la precariedad o la violencia. Incluso puede encubrir responsabilidades: si alguien “salió adelante”, entonces el entorno deja de parecer urgente de cambiar.
Aquí la resiliencia debería funcionar como alarma y no como anestesia: cuanto más resiliente es una comunidad, más rápido debería detectar, denunciar y reducir las fuentes de daño. No se trata de hacer del trauma una tradición, sino de evitar que se repita. [...]