A continuación, la imagen del temporal se vuelve íntima. Hay días de euforia, rabia o desesperación que parecen interminables, pero rara vez lo son. Reconocer la impermanencia de lo intenso ayuda a no tomar decisiones definitivas en medio del vendaval y, al mismo tiempo, a no idealizar los arrebatos como si fueran la única forma auténtica de vivir.
En ese tránsito, la enseñanza es práctica: si hoy el ánimo es torrencial, quizá lo sabio sea resistir con sencillez—comer, dormir, caminar—hasta que el clima interno cambie, como cambia el cielo. [...]