Sin embargo, una vida sólo enfocada se vuelve estrecha. De allí surge la segunda mitad de la frase: deambular con el corazón. Este deambular no es simple distracción, sino apertura sensible al azar, al encuentro inesperado y a la emoción que no cabe en la agenda. En novelas como “Tokio Blues (Norwegian Wood)” (1987), Murakami muestra personajes que se pierden en recuerdos, paseos y silencios, y en esa deriva encuentran significados que el pensamiento lineal no alcanza. El corazón errante recoge matices, vulnerabilidades y deseos que luego nutren tanto la vida como el trabajo. [...]