A partir de ahí, la psicología explica el efecto multiplicador. Albert Bandura (1977) llamó autoeficacia a la creencia de que uno puede influir en los resultados; cuando damos un paso y comprobamos un avance, esa creencia crece y nos impulsa a intentar lo siguiente. La terapia de activación conductual sugiere algo similar: acciones pequeñas y valiosas rompen la inercia y generan bucles de retroalimentación positivos.
Por eso, tras el primer gesto honesto, aparecen opciones que antes se percibían como imposibles. La mente reevalúa costos y beneficios, y lo que parecía alto riesgo se convierte en ensayo controlado. En términos cotidianos, enviar un primer borrador, pedir una conversación o subir un prototipo convierte el deseo en evidencia, y la evidencia en nueva motivación. [...]