Si seguimos la idea hasta sus últimas consecuencias, lo que realmente vence no es un acto heroico aislado, sino un sistema que hace probable el acierto. Pensemos en una escena cotidiana: alguien “tiene suerte” al presentar impecablemente un proyecto, pero lo que no se ve es el archivo con versiones, la lista de riesgos, las reuniones breves para alinear expectativas y la práctica previa de la exposición.
Así, la victoria se vuelve menos un golpe de fortuna y más una consecuencia estadística: cuando se organizan los detalles invisibles, se multiplican las oportunidades de acertar y se reduce el margen de error. [...]