Ahora bien, la amabilidad no debería convertirse en autoabandono. Ser amable de más incluye proteger la dignidad propia: poner límites sin humillar. Se puede ser firme sin ser cruel, y esa combinación es parte de la “amabilidad radical” que la frase insinúa.
Por ejemplo, ante una falta de respeto, una respuesta amable puede ser: “Puedo hablarlo, pero no en ese tono”. Allí la persona no devuelve agresión, pero tampoco la absorbe. Esta postura reconoce que el otro puede estar en batalla, sin permitir que esa batalla se convierta en permiso para dañar. [...]