Desde esta metáfora, conviene recordar a Dag Hammarskjöld, secretario general de la ONU (1953–1961), quien enfrentó crisis como Suez (1956) y el Congo (1960–61) con una ética de servicio que aspiraba más allá de lo personal. Sus diarios, publicados póstumamente como Markings (1963), exploran la vocación como camino de trascendencia a través del deber cotidiano. En ese espíritu, su exhortación a apuntar alto no es mero idealismo: es una disciplina interior que, aun en la adversidad, convierte cada paso en una elevación. [...]