A lo largo de la historia, las grandes herramientas no nos suplantaron; nos extendieron. La imprenta democratizó el conocimiento; el microscopio abrió mundos invisibles; la hoja de cálculo —desde VisiCalc (1979)— reconfiguró las finanzas y la investigación. En cada caso, surgieron temores laborales, pero a medio plazo predominó la recombinación de tareas y el ascenso de nuevas profesiones.
Esta pauta histórica ilumina el presente: cuando una herramienta reduce el esfuerzo en tareas rutinarias, libera tiempo cognitivo para el análisis, la creatividad y la coordinación social. La IA hereda y acelera esa dinámica. [...]