La imagen del invierno ayuda a nombrar épocas de repliegue: duelos, cansancio acumulado, enfermedad, desánimo o simplemente saturación. En una lógica mecánica, esto se vive con culpa: “debería poder”. En una lógica estacional, se vive con discernimiento: “ahora toca menos”.
Un ejemplo cotidiano lo ilustra: alguien que tras meses de trabajo intenso siente apatía y dificultad para concentrarse puede interpretarlo como pereza, o como una señal de que el sistema necesita descanso. El enfoque de May propone lo segundo, no para romantizar el sufrimiento, sino para recuperar una relación funcional con la pausa: el descanso deja de ser premio y se convierte en mantenimiento vital. [...]