Después, el tema del agotamiento aparece como un lenguaje del cuerpo y la mente. En un mundo que normaliza la saturación, el cansancio a veces se trata como un obstáculo que hay que vencer, no como información. Sin embargo, ignorarlo suele cobrar intereses: irritabilidad, bloqueos, apatía o una productividad frágil que se derrumba ante cualquier imprevisto.
Tomar en serio el cansancio es aprender a leer tus límites en tiempo real. No es “drama”, es autorregulación. Y cuando se valida esa señal, la pausa deja de ser un premio que se gana y se convierte en una necesidad básica, tan razonable como comer o dormir. [...]