Además, si el arte ocurre cuando aparece el alma, crear implica exponerse. No se trata solo de producir, sino de mostrar una parte de uno mismo, con el riesgo de no gustar, de no encajar o de ser malinterpretado. En términos cotidianos, eso puede ser publicar un texto honesto, presentar una idea original en una reunión o cantar sin estar “listo”: momentos en los que el ser humano se deja ver.
En esa línea, la frase de Godin funciona como un criterio práctico: si lo que haces no deja rastro de ti —de tu atención, tu historia, tu postura— quizá sea competente, pero todavía no es arte. El arte comienza donde termina el piloto automático. [...]