Por eso, el descanso no debería tratarse como recompensa por “haber hecho suficiente”, porque ese umbral casi nunca llega. En cambio, funciona mejor como parte del sistema: un bloque protegido en la semana, igual de serio que una reunión importante.
Esta perspectiva cambia la narrativa: descansar no es abandonar la ambición, sino sostenerla. Quien planifica pausas reduce la probabilidad de ausencias involuntarias más largas y disruptivas. En otras palabras, el descanso elegido es una forma de continuidad; el descanso forzado, una interrupción. [...]