Por último, un fuego poderoso exige límites claros. En El hombre rebelde (1951), Camus advierte sobre fines que devoran medios; crear también es responder por las consecuencias. El precedente de Asilomar sobre ADN recombinante (1975) muestra cómo la ciencia puede autoimponerse cautelas para evitar incendios descontrolados. Innovar, entonces, es sostener a la vez chispa y contención: encender lo necesario, apagar lo dañino y legar brasas útiles a quienes vienen detrás. [...]