Finalmente, permitir que las ideas se conviertan en acción implica vivir la imaginación como proyecto, no como evasión. Quien se toma en serio sus pensamientos termina reformulando su trabajo, sus relaciones y su participación en la comunidad, tal como Baldwin transformó su propia experiencia en literatura y crítica social. De este modo, la vida deja de ser solo algo que nos ocurre y se vuelve algo que co-creamos. Cada vez que dejamos que una intuición se organice, se planifique y se ejecute, honramos ese anhelo básico de los pensamientos: dejar de ser meros destellos y convertirse en cosas que pueden sostenerse, compartirse y perdurar. [...]